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ARCO: Censura y provocación

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La polémica obra de Santiago Sierra, ‘Presos políticos en la España contemporánea’

Toda esta polémica de ARCO me parece un despropósito desde el principio al final. Quiero dejar claro que considero muy lamentable y absurda la censura de la obra Presos políticos en la España contemporánea, que se exhibía en ARCO, del artista Santiago Sierra. Es un claro ataque a la libertad de expresión. Pero, paradojas de la vida, a la Organización de ARCO, Ifema, les ha salido el tiro por la culata si pretendían evitar que la obra en cuestión “perjudicase la visibilidad del conjunto de los contenidos”. Ahora solo se habla de esta obra.

Aclarado esto, me parecen loables las reivindicaciones políticas que este artista del marketing conceptual realiza en casi todos sus trabajos, incluido esta serie de fotografías pixeladas, pero francamente valorar en 80.000 € una serie de 24 fotografías pixeladas, que no han sido realizadas ni por el propio artista sino solo manipuladas con un programa informático y una herramienta llamada “pixelizar”, me parece excesivo y perjudicial para la credibilidad del arte. ¿Porque qué trabajo artístico hay detrás de esta “obra”? Simplemente la idea, la polémica, el concepto, razón casi exclusiva de la existencia del arte conceptual. Francamente la idea de pixelar una serie de fotografías de políticos y personajes varios, que actualmente están en el ojo del huracán, si bien es loable en su reivindicación política y social, no es tan brillante artísticamente como para estar colgada en la “élite” de las Ferias de arte contemporáneo. Pero así son estas ferias de arte contemporáneo vanguardista: lo importante es provocar, irritar, reivindicar,… antes que el hecho artístico en sí.

Defendiendo la libertad de expresión he oído decir estos días otro disparate en los medios de comunicación: que el sentido y el principal cometido del arte debe ser la provocación. Ni Miguel Ángel con sus frescos de la Capilla Sixtina, ni Velázquez con sus Meninas, ni Van Gogh con sus Girasoles, ni Picasso con sus Demoiselles d’Avignon pretendieron provocar, sino más bien crear una obra estética y novedosa que complaciese sus propias emociones y anhelos, si después provocaron o sorprendieron fue una consecuencia espontánea e imprevista. No, el ARTE es mucho más que provocar, que una asunto de marketing, que una idea ingeniosa, que hacer algo  que nunca nadie ha hecho,… el ARTE es un oficio, una imagen, un sonido o una palabra que nos conmueve, ya sea por su belleza o también por su “fealdad” expresiva, por su ritmo, por sus armonías (ese encuentro- misterioso- de los dos tonos, que decia el gran Cézanne), por su musicalidad, por sus aciertos e imperfecciones en equilibrio, por su poder de atracción, casi siempre irracional, que ni nuestros sentidos entienden pero que sacude nuestro interior consiguiendo emociones diversas que llegan directamente a nuestra alma de manera casi inmediata, un momento mágico, como una puesta de sol o el amor a primera vista. Contrariamente cuando hay que explicar el arte, pensar en sus “conceptos” e ideas para entenderlo y apreciarlo, racionalizarlo o analizar su utilidad mediática, entonces pierde toda su fuerza inmediata y deja de ser ARTE. Así  de claro lo expresaba Maurice Vlaminck: “Si un cuadro tiene que ser explicado mediante palabras, nada tiene que ver con la pintura.” Y yo añadiría que todas las artes plásticas.

Siguiendo el cúmulo de despropósitos en todos estos sucesos tampoco entiendo muy bien el ofrecimiento que ha hecho el comprador de la polémica obra, el empresario leridano Tatxo Benet, de exponerla en el Museu de LLeida (que por cierto, según explicaba él mismo ayer en el programa FAQS de TV3 ha comprado la obra sin verla en vivo – él sabrá lo que hace) . Según dice le “afectó mucho” el traslado de las 43 piezas del Museo de Lleida a Sijena y quiere llenar este lugar vacío. Francamente, no sé como podrá sustituir, ni siquiera simbólicamente, las obras que se llevaron a Sijena, compuesta por piezas en su mayoría de arte Sacro de los siglos XV a XVIII, con la “modernidad” más absoluta del arte conceptual. Sin duda su propuesta es más una reivindicación política,  una protesta por la obligada devolución judicial de las obras del Museu de Lleida a Sijena, que una iniciativa puramente artística.  

Pero en definitiva lo más lamentable todos estos sucesos mediáticos, además de la censura política, es el mal que se hace al ARTE y el desconcierto que provoca en el público, o en el potencial público, que confundido con estas obras conceptuales de precios desorbitados y de tejemanejes publicitarios, le alejan de la posibilidad de gozar y amar el ARTE: “No, es que yo no entiendo de arte” – exclaman con resignación- y se olvidan de indagar, de pensar, de reflexionar si verdaderamente el “arte” que les están imponiendo tiene un valor artístico, si les emociona, si hace vibrar su alma, que es en definitiva la esencia pura y el fin último del ARTE.   

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