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Arte y provocación

mare nostra

Siguiendo el hilo de una de mis anteriores entradas en este blog sobre Damien Hirts y el arte de la provocación, que tan en boga está en los últimos decenios, un nuevo episodio, en este caso en la vertiente artística de la poesia, nos ilustra de manera muy clara sobre esta lacra que padece  nuestra sociedad actual permitiendo y promocionando  los mayores agravios a la cultura y al arte, y aun más grave, desde el ámbito oficial.

No tengo ninguna convicción religiosa y abogo por la libertad de expresión, siempre en su justo equilibrio; además en alguna ocasión he elogiado alguno de los artículos que esta poetisa Dolors Miquel ha escrito, pero, hay que ser coherente , me pareció mediocre y bochornoso el espectáculo que realizó  en la entrega de los premios Ciudat de Barcelona recitando su «poema» titulado  Mare nostra . Aun más lamentables los comentarios de nuestra alcaldesa Ada Colau en los que se excusó diciendo que “vivimos momentos de cambio y necesitamos una cultura valiente y comprometida que llegue a todos”. Esto me lleva reflexionar de nuevo sobre la triste y desoladora situación en la que se encuentra nuestra cultura y el arte oficial en general y su consecuente y deficitaria escala de valores que nos pretenden inculcar. Ciertamente el arte, cualquier vertiente del arte, debe ser preferiblemente valiente y comprometido pero si por «comprometido» se entiende provocador creo que se está haciendo un flaco favor a la cultura dándonos gato por liebre. Parece ser que en nuestra sociedad actual al arte se le permite cualquier ultraje y se confunde la creación, la innovación y la originalidad con la excentricidad y la provocación; llamar la atención a cualquier precio sin importar la estética, la belleza (sea o no bella) , la expresividad, la creatividad o el buen gusto. Sin  duda ni Shakespeare, ni Mozart, ni Picasso ni Gaudí intentaron provocar con sus audaces obras sino con toda seguridad, emocionar y complacer nuestros sentidos. Ellos lo consiguieron sin ofender… y llegaron a todos.

Una ofensa doble: por un lado a los símbolos y convicciones religiosas de muchas personas, que no es mi caso; por otro un ataque directo al arte y la cultura, en este caso nos toca a todos, y  por tanto a la inteligencia de las personas que hemos de soportar agravios y excentricidades desde los propios estamentos oficiales que pagamos con los impuestos que ellos mismos nos imponen. Una pena para nosotros los barceloneses que nos duele por partida doble.

Si alguien quiere escuchar el «poema» y leer la noticia, para comprobar lo dicho,  puede hacerlo  aquí …aunque la verdad es que no vale la pena.

 

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