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Piedras pintadas, piedras milenarias.

Desde siempre me ha fascinado el paso del tiempo y en especial pensar como debían ser las cosas hace siglos o milenios y cuales son aquellas que han permanecido iguales o casi iguales. Se me ocurrió este verano, paseando por la playa, observando atentamente las piedras que iba encontrando, tanto las sumergidas en el agua como en la misma arena. Lo que más me fascinó de ellas fue las variadas formas y texturas que tenían y en especial lo agradable que resultaba sostenerlas en la mano ya que se adaptaban perfectamente como si estuvieran hechas a medida. No importaba el tamaño o la forma de esos cantos rodados, siempre se acoplaban agradablemente entre los dedos cuando las sujetabas con una leve presión. Pensé en la cantidad de siglos o tal vez de milenios que tenían cada una de ellas. Quizás en la época de la invasión romana o tal vez anteriormente, cuando el Mediterráneo estaba poblado por las tribus de los Iberos, cada una de estas piedras debía ser exactamente igual que ahora. Posiblemente eran un poco más grandes, muy poco más, ya que el lento desgaste producido por el rozamiento de las olas durante estos milenios las habría reducido, pero de forma tan leve que uno se fascina de tener algo entre las manos que quizás uno de estos primitivos habitantes había tenido también entre las suyas.
 
Pensé entonces que podía pintarlas y utilizarlas como soporte, un soporte milenario ¡Que lujo! Además, sus infinitas formas me podían sugerir variados ritmos y colores, en especial esos rostros femeninos que tanto me gusta pintar que se adaptaban impecablemente a sus formas caprichosas. Eso es precisamente lo que más me ha gustado de este experimento de pintar en tres dimensiones, su adaptabilidad y la gran cantidad de ideas que puede sugerirte la naturaleza en su estado más puro. Y para más ventajas trabajar sobre un soporte que el tiempo no deteriora y que posee una durabilidad a prueba de siglos, de milenios, de…. ¡Ah! Y las puedes hacer servir de pisapapeles, colgarlas en una pared, llevártelas en el bolsillo (las más pequeñas) o simplemente colocarlas en cualquier lugar como adorno.
 
Aquí os paso algunas muestras. Su tamaño oscila entre 3 y 12 cm y su peso entre los 100 y los 500 gramos aproximadamente. Están pintadas con pintura acrílica, previamente aplicada una base de gesso, y después barnizadas con barniz marino para que puedan tocarse y manosearse todo lo que uno quiera. Y como he dicho más arriba resultan sumamente agradables de tocar. Otra ventaja importante: ¡Pintura para ver y tocar! Que más se puede pedir.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

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2 Comments

  1. alp

    Hola Guillermo, te acabo de conocer a través del blog de Celia Quijano, me ha encantado tus diseños… Y lo de las piedras lo comparto contigo,,, un abrazo desde murcia

  2. alp

    Hola Guillermo, te acabo de conocer a través del blog de Celia Quijano, me ha encantado tus diseños… Y lo de las piedras lo comparto contigo,,, un abrazo desde murcia

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