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Dibujar y pintar un retrato

A lo largo de la historia del arte y especialmente de la pintura el retrato ha sido uno de los motivos más frecuentes que los artistas han querido plasmar en sus lienzos. Varias son las razones por las cuales los artistas, y también sus modelos, han sido representados a lo largo de los siglos. Para el artista supone un reto en su trabajo ya que, aparte de la dificultad y el oficio que  conlleva su realización, el retrato debe plasmar, aparte de un parecido físico (esto último dependerá más del estilo pictórico), el carácter y el temperamento humano del modelo. Además el retrato suponía en épocas pasadas, es decir antes de la aparición de la fotografía, la única manera de plasmar para la posteridad la fisonomía y el porte de la persona retratada,  su paso en cierta manera a la inmortalidad, razón por la cual casi siempre los retratos se realizaban a personajes de la realeza, la aristocracia, personas célebres o adineradas que podían pagar al artista y reafirmar así el estatus social al que pertenecían. Sin embargo, más tarde, artistas como Velázquez, uno de los pioneros que realizaron retratos de gentes más humildes (enanos, críados, etc),  se fue generalizado en todos los estratos sociales ya que para el artista resultaba una fuente de inspiración y un reto pictórico. Además , como valor añadido, muchos artistas han usado el autorretrato como práctica del oficio y al mismo tiempo como fuente de inspiración para revelar  el caráter externo e interno de su propia personalidad. Casos  de artistas que se representaron asimismos son Rembrandt y Van Gogh que se autorretrataron en numerosa ocasiones a lo largo de su vida.

Al mismo tiempo, el retrato es en cierta manera la representación y la expresión del propio artista, ya que se ve reflejado su propio estilo y personalidad en la fisonomía del modelo. Para algunos artistas, la importancia del retrato tenía como objetivo el parecido físico, eran los llamados retratistas y se ganaban la vida de esta forma, pero para otros  lo más relevante era (y  más en la actualidad) la plasmación de la personalidad del retratado y especialmente la expresividad plástica, cromática y simbólica que se pretendía inferir al modelo, en cierta manera un análisis psicológico de la parte más humana del retratado  que  de alguna forma exteriorizaba el alma del artista. En cualquier caso, la calidad de un retrato no depende solamente del parecido físico sino de todas estas cualidades que transmiten tanto el alma del modelo como la belleza plástica de la obra.

Hasta aquí una breve sinopsis de la importancia histórica del arte del retrato, pero voy a intentar resumir  cómo se puede llevar a cabo y que medios pueden ser utilizados para  la realización de un retrato. Obviamente existen infinidad de libros y manuales que enseñan a pintar y específicamente a pintar el retrato y la figura humana, (Pintar y dibujar un retrato de Jhon Devane, «Como dibujar la cabeza humana y el retrato» de Jose Mª Paramón, «El dibujo anatómico a su alcance» de Burne Hogarth, Dibujar con el lado derecho del cerebro, de Betty Edwards,  etc..) que nos enseñan paso a paso las diferentes técnicas, cómo componer y encajar el modelo y finalmente el proceso a seguir de una forma digamos «académica» y en otros casos más esbozada. Podéis adquirir algunos de estos libros si queréis profundizar más en esta técnica concreta del retrato pero resumiendo un retrato, como cualquier otro  motivo, se puede realizar de muchas formas y estilos:

  • Un retrato académico, «clásico», es decir lo más fiel a la realidad, más detallado y fiel, al parecido físico
  • Un retrato impresionista (de pincelada rápida i esquemática pero procurando un parceido con el modelo).
  • Un retrato cubista (ciñéndose de forma concreta a este estilo en el que el parecido resulta más arbitrario)
  • Un retrato expresionista o fauvista en el que la semblanza con el rostro queda en un segundo plano dando así más importancia al trazo y al colorido y a través de éstos conseguir un «parecido» psicológico
  • Cualquier otro estilo que el artista prefiera y le confiera su propio sello personal.

Además del estilo existen numerosas formas y técnicas de realizar un retrato, también obviamente como cualquier otro tema, ya sea paisaje, bodegón, etc., Vamos a citar algunas de las más comunes:

  • Retrato a lápiz sobre papel. Normalmente de grafito y con diversas durezas. Suele utilizarse como instrumento para bocetos, composición o encaje para la consecución de la obra final, pero también puede ser por si misma una «pequeña gran obra» . Ver «La importancia del dibujo».
  • Retrato al carbón o lápiz Conté sobre  papel. Este material, de mayor grosor que el lápiz, permite acentuar la intensidad de los tonos oscuros y al mismo tiempo llenar más rápidamente estas zonas más densas. Permite ademas un mayor contraste entre tonalidades más suaves o contrastadas. Como todos los dibujos puede ser en si misma una obra de arte final o utilizarse como bosquejo para una obra mayor. El papel que suele utilizarse tiene mayor rugosidad  para conseguir texturas sugerentes.
  • Retrato con pluma y tinta china sobre papel. A base de tramados y rayas cruzadas permite una gradación de sombras y luces. Esta técnica requiere una gran destreza y un manejo muy experimentado de la plumilla.
  • En el retrato al pastel ya se incorpora el color.  Tiene la ventaja de poder cubrir grandes zonas de una forma rápida y realizar difuminados. Asimismo esta técnica es muy adecuada para trabajar con papeles texturados de color oscuro, permitiendo realizar las luces con los colores más luminosos y aprovechar el fondo del papel para las zonas de sombra. Grandes retratistas del pastel han sido Maurice Quentin de La Tour (1704 – 1788), de una gran calidad realista o Edgar Degàs, de trazo mucho más suelto y expresivo.
  • El retrato a la aguada o  acuarela sobre papel,  en el que el pincel  es la herramienta indispensable para su realizació. La acuarela requiere una gran destreza ya que cualquier error es de difícil corrección. Se utiliza el agua como diluyente de la pintura y el blanco del papel debe jugar un papel importante ya los colores deben ser transparentes y sus blancos (brillos) deben ser reservados en el propio papel.
  • Retrato al óleo, acrílico o gouache, suelen ser las técnicas más comunes en el retrato. Son técnicas en las que la pintura suele aplicarse en capas sucesivas más opacas y densas. La gran calidad de sus pigmentos las hacen muy aptas para conseguir una gran riqieza cromática en los tonos,  y especialmente el óelo y el acrílico se pueden aplicar con gruesos empastes que dotan a la obra de una textura que le confiere una gran fuerza expresiva.

La pintura del retrato, a lo largo de la historia, siempre ha sido realizada  con el modelo presente o apuntes previos del natural, pero desde la aparición de la fotografía es posible hacer retratos a partir de fotografías.  Cuando no se dispone de modelo, una buena fotografía puede ser un buen sustituto aunque hay que tener en cuenta que la fotografía es bidimensional y el tamaño suele ser más pequeño, por lo que hay que saber adaptar las proporciones a una escala superior y conferir a la obra  la misma naturalidad que si fuese un modelo del natural.

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