
Asistimos desde hace ya algunos años a un paulatino olvido del Arte. Este afán consumista y competitivo en el que nos vemos arrastrados lo ha relegado a un objeto innecesario o de especulación. Los estamentos públicos y los medios de comunicación, que tendrían que ser los responsables de promocionar y dar a conocer al gran público esta cualidad casi espiritual que posee el ser humano, hacen una muy precaria labor. Como mucho organizan y promueven algunas exposiciones de los artistas del pasado que ya están consagrados.
¿Qué pasa con aquellos artistas que no lo están? Intentan abrirse camino luchando desesperadamente contra el olvido en el que el Arte está sumido. Algunos, los más afortunados, exponen sus obras en Galerías, pero el alto precio que conlleva el montaje de una exposición, unido a la poca afluencia de visitantes hace de dicha empresa un negocio ruinoso.
Mi deseo sería concienciar a los estamentos responsables y medios de comunicación, que se ocupen de mostrar al gran público que una buena obra de Arte no es siempre prohibitiva en cuanto a su precio, que puede ser también alimento del espíritu, que no es un objeto más de consumo que se usa y se tira, que es única e irrepetible, que se puede gozar con ella e incluso amarla. Pero para amar algo hay que conocerlo, y en esto último, los estamentos culturales pueden hacer una gran labor, “alimentando” a la sociedad a través de los poderosos servicios mediáticos de que disponen. Las escuelas deberían instruir más profundamente a los más jóvenes mostrándoles “in situ” la belleza del Arte en los museos , para que cuando lleguen a la edad adulta, visitar un museo o una Galería de arte sea tan normal como visitar una boutique de moda.
Los críticos de los periódicos podrían escribir más sobre las diferentes exposiciones que se realizan, animando al público a visitarlas e incluso escribiendo críticas negativas de aquellas muestras que no sean de calidad. Si se escribiese la mitad sobre Arte que lo que se escribe por ejemplo sobre las noticias del corazón o sobre fútbol, todo sería muy diferente.
En cuanto a la radio existen afortunadamente algunas excepciones, ya que su diversidad de programas hace posible poder elegir en algunas emisoras temáticas más culturales.
Muy pocas excepciones encontramos por desgracia en la televisión. Este monstruo despiadado, que consigue hacer atractivo aquello que no lo es, que con gran habilidad ensalza e idolatra a personajes absolutamente mediocres e incluso rastreros, que propaga el mal gusto y la mala educación, debería hacer un acto de contrición y remediar en lo posible el daño causado. Este monstruo que tiene el poder de llegar tan fácilmente a la intimidad de cualquier hogar, debería realizar su labor de una manera diferente a cómo lo está haciendo hasta el momento, es decir, dando cabida a otras programaciones con más contenido sustancial que a las que nos tienen acostumbrados.
De continuar en esta carrera de consumo masificado, devorando compulsivamente cualquier producto por el simple hecho de estar bien promocionado, en la que cualquier rareza es considerada como arte y convertida en dinero gracias a la habilidad de algunos, nuestras posibilidades de reconocer lo verdadero están destinadas al fracaso. Por contrapartida, el buen Arte, y me refiero a cualquier vertiente del arte, ya sea la pintura, la música, las letras o el cine, quedarán estancados en el olvido y aplastados por la mediocridad.
Si nuestros gobiernos no invierten este proceso anticultural en el que estamos sometidos, el verdadero Arte, aquel que consigue llegar hasta lo más profundo de nuestro ser, aquel que nos hace diferentes de las otras especies del planeta, aquel que como decía Kandinsky “produce un sonido interior”, quedará irremisiblemente relegado al desconocimiento, a su extinción, o en el mejor de los casos al recuerdo nostálgico de unos pocos.
Asistimos desde hace algunos años a un paulatino olvido por las artes plásticas (pintura, escultura, etc.). Artistas y galeristas están perplejos ante el fuerte descenso de ventas de los últimos años. Las causas que se comentan son la excesiva oferta de productos de consumo, la carestía de la vida debido a la entrada del euro, el miedo ante los últimos atentados terroristas a escala mundial, etc. Pero aun siendo indiscutible la influencia de estas causas, existen otras más profundas y que son la verdadera raíz del problema: la falta de apoyo por parte de los estamentos culturales y los medios de comunicación. Los primeros deberían, con el apoyo medíatico de los segundos, promocionar y dar a conocer al gran público esta cualidad casi espiritual que posee el ser humano. Que el visitante de una galería aprenda a descubrir una buena obra de Arte de la que no lo es. Hacerles saber que ésta no siempre es prohibitiva en cuanto a su precio, que no es un objeto más de consumo que se usa y se tira, que se puede gozar con ella e incluso amarla.
Pero para amar algo hay que conocerlo y deben ser dichos estamentos los que tienen la tarea de enseñarlo y promocionarlo. Las escuelas deberían instruir más profundamente a los más jóvenes mostrándoles “in situ” la belleza del Arte en los museos, para que cuando lleguen a adultos, visitar un museo o una galería de Arte sea tan normal como visitar una boutique de moda. Por su parte los medios de comunicación, en especial la TV pública, con su gran poder de llegar a todo el mundo, debería dar cabida a un nuevo tipo de programación en el que las Artes plásticas sean más protagonistas, animando a la gente a visitar las exposiciones que sean de calidad. Con ello todos saldríamos más beneficiados.
Me ha tocado la fibra la carta publicada por Carlos Atanes (19-XI-04) en esta misma sección. Su película ni siquiera ha sido mostrada en la sección promocional Audiovisual Catalá de Sitges.¡Qué lástima! Siempre la misma falta de oportunidades para los que empiezan.
No he visto la película, no sé si es buena o no, ni siquiera conozco a su creador, pero sólo el valor de embarcarse durante cuatro años en este arriesgado proyecto, que él mismo se financia, merece todo mi respeto.
Soy artista pintor y he sufrido en mi propia piel rechazos similares, así pues, comprendo tu estado de ánimo. Como tú bien dices, sólo pides que tu película pueda ser vista por el público, que ellos decidan. Pero parece ser que en este país sólo se promociona a los más grandes (perdón, a los más promocionados).
No me resta más que decirte qué sigas con tu lucha, que te promociones como mejor sepas pues, seamos realistas, hacen falta medios para subsistir. Pero trabaja para tí mismo con ilusión, como si tú fueses tu propio juez, siendo exigente contigo mismo. Consigue tu propia satisfacción personal con lo que haces, superándote día a día, y “tu éxito” estará asegurado. Lo demás está en manos del destino.
Siempre he intentado comprender las razones por las cuales las artes plásticas en general son un tema ignorado y carecen del apoyo que se merecen por parte de las cadenas de televisión, tanto públicas como privadas.
Si partimos de la suposición de que el arte, siempre refiriéndome al arte de calidad, es una necesidad interior del ser humano, que ya desde la más remota antigüedad nuestros antepasados más ancestrales, ignorantes y casi primates, lo utilizaban como fuente de satisfacción visual e incluso con fines espirituales, ¿cómo es que en esta sociedad, avanzada y en teoría culturizada, el arte ha quedado relegado únicamente al deleite de unos cuantos? ¿Que ha pasado con esta cualidad innata que nos diferencia de las otras especies del planeta? ¿Esta falta de atención hacia el arte no será el resultado de una sociedad cada vez más materialista?
Varias son las causas de este olvido generalizado por parte de nuestra sociedad: una publicidad de consumo masificado que desvía la atención hacia productos que responden más al deseo de aparentar que a una verdadera necesidad; la continua aparición en el mercado de nuevos productos informáticos y de alta tecnológia (ordenadores, televisores de plasma, fotografía digital, etc), que acaparan el mercado restando poder adquisitivo hacia otros sectores como es el mercado del arte; las nuevas técnicas de reproducción digital de obras de arte a precios muy bajos; el gran incremento del coste de la vida y de la vivienda que nos ata de por vida a hipotecas, haciéndonos llevar una existencia económicamente dependiente, etc. Pero la causa más dañina de todas es, a mi entender, la ignorancia y el desconocimiento que sobre el arte tienen esta sociedad que nos ha tocado vivir; y es aquí donde podría entrar en juego la televisión, este monstruo mediático que con su poder de captación podría obrar el milagro de hacer llegar al gran público este maravilloso don que posee el ser humano: el don de la creación artística.
Si examinamos con atención la programación de algunos canales de televisión más selectivos, ya no menciono a los que sólo emiten televisión basura, encontramos algunos programas (pocos) dedicados a algunas vertientes artísticas, como el cine, el teatro , la música y la literatura; en algunos de entretenimiento tipo magazine se realizan entrevistas a actores o músicos y también a algunos personajes que carecen de cualquier tipo de interés, pero sorprendentemente casi nunca se realiza una entrevista a un artista plástico. No existe, que yo sepa, ningún programa dedicado a las artes plásticas, un espacio, aunque sea semanal, dedicado a hablar de arte, a conocer la vida de los grandes artistas de la historia de la pintura, que se haga un recorrido por las diferentes galerías de arte y un seguimiento de las exposiciones que se realizan en nuestro país, que entreviste a los artistas adentrándose en sus talleres y dé a conocer su manera de pensar y trabajar. Se podrían también montar exposiciones especialmente para la televisión, como si se tratase de un concurso, invitando a los artistas a participar, con premios para los finalistas y animando también al público a visitar e incluso a votar la obra que más les guste; pero todo esto lo dejo en manos de los creativos y realizadores de televisión, pues son ellos los profesionales que, asesorados por personas que conozcan el mundo de las artes plásticas, tienen que hacer llegar de manera atractiva al público cualquier iniciativa que se proponga; en definitiva, que den a conocer al público este arte casi desconocido.
Si la televisión es una “herramienta” ante todo visual ¿por qué no utilizarla en beneficio del arte más visual de todos? Los directivos de televisión podrían objetar que un programa sobre arte no tiene suficiente audiencia, que no vende y por tanto no es rentable. Sin embargo considero que una televisión pública, que pagamos con el dinero de todos, tiene la obligación moral y educativa de divulgar algo tan importante como son las artes plásticas, además estoy seguro de que con el tiempo podría tener una buena aceptación de público; si al ser humano se le enseña aprende y tiene entonces la posibilidad de amar y disfrutar de aquello que desconocía. En cualquier caso hay un gran sector de público que aceptaría de buen grado programas sobre artes plásticas, ¿acaso no se venden por millares los libros de arte en las librerías? ¿Y los fascículos sobre arte y técnicas para aprender a pintar? Es evidente que una buena promoción podría generar una afición mucho mayor que la que existe actualmente. Y ésta es una manera de potenciar la cultura y mejorar así la escala de valores.
Por poner un ejemplo de promoción, he observado que en los últimos años ha habido un auténtico “boom” con respecto a los programas de cocina y al “arte” culinario en general. En la mayoría de los canales existe algún programa de cocina; sus protagonistas se han vuelto personajes mediáticos y famosos que cada dos por tres son entrevistados o incorporados en las noticias de los magazines o incluso en los informativos. Lo mismo ocurre con la moda; que los modistos y sus modelos estén hasta en la sopa es la cosa más habitual actualmente. ¿Por qué tienen una buena audiencia estos programas? Pues muy fácil, se les hace una buena promoción en la televisión.
Admito que toda esta temática tenga su espacio, que existan programas de entretenimiento, que el deporte y el fútbol en especial con sus endiosados futbolistas, ocupe una amplia franja de la programación televisiva, incluso acepto que hayan programas del corazón en los que sus contertulios se despedacen unos a otros, por suerte podemos elegir lo que queremos ver; pero me parece vergonzoso que apenas existan opciones con un contenido más sustancioso y que no se dé cabida a otras alternativas como serían los programas sobre artes plásticas.
¡Cuanto podría hacer la televisión por el arte! Podría enseñar que una buena obra de arte puede ser gozada sin necesidad de comprarla, simplemente visitando las galerías de arte y los museos; podría dar a conocer a muchos buenos artistas que venden sus obras a precios razonables, y que, aunque parezca peyorativo, incluso algunas galerías de arte ofrecen cómodos plazos como si se tratase de un electrodoméstico; y como valor añadido, más materialista, siempre existe la posibilidad de que un día esta obra de arte se revalorice y sea una buena inversión. Pero lo más importante es que un buen programa de televisión podría enseñar que una buena obra de arte es mucho más que su valor material; una buena obra de arte es única e irrepetible; a través de ella se puede acceder a una parte más espiritual de ser humano; no se usa una vez y se tira, como la mayoría de los productos de consumo actuales, sino que puede ser transmitida de padres a hijos; no caduca ni envejece, sino que muestra a través de sus armonías el momento anímico y la sensibilidad de un artista de su tiempo; y lo más importante, la televisión podría enseñar que el arte nos hace disfrutar con intensidad como lo hace el cine, la literatura o la música.
No es mi intención, obviamente, que todo el peso de enseñar a amar el arte recaiga en la televisión. Es evidente que desde las escuelas se podría realizar una gran labor, potenciando de una manera atractiva la asignatura de arte. El niño, desde su más tierna infancia dibuja con mucho mayor entusiasmo que cuando es adulto, como si fuese una necesidad innata; cuando llega a adulto deja de hacerlo, seguramente porque ve a su alrededor que la gran mayoría de adultos no dibujan y que en la televisión, que él ve en exceso, poco se prodiga este arte.
Dirán que soy un soñador, que mi realidad no es la realidad de todos, que amo el arte y que pretendo que todos lo amen, quizás sea cierto, pero puedo asegurar que todos saldríamos cultural y anímicamente beneficiados, si este gran comunicador mediático que es la televisión pusiese en marcha alguna de estas sugerencias.
Desde que empezó todo este desaguisado de la crisis no dejo de recibir ofertas para realizar exposiciones, ferias, bienales, representantes de artistas, participaciones en la inclusión en libros de arte contemporáneo y un sinfín de "eventos" que prometen y aseguran ser los más importantes y prestigiosos acontecimientos en el mundo del arte contemporáneo y de vanguardia.
Es evidente que la única finalidad e interés que tiene la gran mayoría de todos estos "amigos del arte", es sacar un lucro económico a costa del pobre artista, deseoso de exhibir su obra y de que se dé a conocer su trabajo al máximo número de aficionados y coleccionistas del arte. Pero, lamentablemente, en casi todas estas promociones el artista debe desembolsar una gran cantidad de dinero que sus vacíos bolsillos son incapaces de afrontar.
Parece ser que ya no existe como antaño el mecenas, ni tan siquiera el galerista o marchante de arte que cree y tiene fe en aquel artista desconocido y que, si bien también pretende lógicamente obtener un beneficio económico, apuesta y arriesga por aquel desconocido pintor de una manera más altruista, a sabiendas de que este artista no posee la infraestructura económica, ni los contactos, ni el conocimiento comercial necesario para realizar por si mismo la promoción adecuada.
En la mayoría de los casos las propuestas, además de ser económicamente difíciles para el artista, son de baja calidad y de promoción muy deficiente. Casi nunca se pacta con el artista un tanto por ciento por la venta de las obras, el conocido " fifty- fifty " que ya es en cualquier caso muy desproporcionado para el autor de la obra. El artista paga por adelantado el alquiler de la galería además de un porcentaje de las obras vendidas, o paga un espacio ridículo de 3x 3 metros en el caso de una Feria de arte (estamos hablando de un mínimo de 1500 €), o un pago por la inclusión en un libro de dudosa calidad y promoción. Si un artista investiga un poco estas propuestas (afortunadamente hoy en día a través de Internet es posible), se da cuenta de que no hay una selección rigurosa de los artistas elegidos para dicho evento: se selecciona y admite simplemente a cualquier "artista", ya sea aficionado, mediocre o incluso de muy baja calidad mientras pueda pagar estas elevadas cifras. Por si fuera poco, una vez pagados los costes, el "desembolsado" artista se da también cuenta de que el interés que tiene este "amigo del arte", organizador de todo este tinglado, por promocionar y vender sus obras es de despreocupación total y falta de apoyo mediático. Es lógico, este "zorro" negociante ya ha cubierto los gastos y también ha obtenido los beneficios que había proyectado antes de empezar el evento.
Todo esto nos lleva a la fatal conclusión de que este negocio que realizan muchos de estos "espabilados" es una calamidad para el arte en general, ya que por esta causa, además de confundir al público aficionado con una calidad artística mediocre, se echan a perder posibles o futuros buenos artistas que quedan relegados en la sombra o, en la mayoría de los casos, deben abandonar sus pinceles y dedicarse a cualquier otra profesión para poder subsistir.
Pero no sólo se debe culpar de esta nefasta realidad a estos personajes del mundillo del arte, al fin y al cabo son sociedades privadas, sino que también tienen gran responsabilidad los estamentos y los medios de comunicación oficiales, que deberían promocionar y apoyar con mucha más coherencia e intensidad a las artes plásticas y a la cultura en general. Pero esto es otra cuestión que prolongaría mucho el contenido de este escrito.
Cuando uno intenta profundizar sobre el sentido y la coherencia de la terminología usada en el conceptual mundo del arte actual, te da la sensación de que tu ignorancia es extrema, ya que no se consigue entender casi nada de lo que se está leyendo. En la mayoría de las críticas sobre arte de los periódicos o magazines, una serie de palabras "biensonantes", entrelazadas con singular ingenio, intentan explicar las intenciones y la calidad plástica de un artista que probablemente ni el propio artista podrá entender. Tomemos al azar uno de esos breves escritos :"... Es un artista que se caracteriza por desarrollar una idea plástica con notable coherencia, seguridad en su trabajo y fidelidad a ese pensamiento que traduce en formas muy personales, como las "planoetrías", definidas como volúmenes que evolucionan en un único plano. Su obra es un trabajo de evidente sutileza, con diferentes sugestiones lineales y estructurales capaces de diversificación en la materia, en la forma y en la proyección espacial, a la vez que sugestivos valores de rítmica musicalidad plástica en el proceso creativo" Leído esto tengo que reconocer que he entendido las palabras pero no el contenido, y sé que esta ignorancia no es políticamente correcta ni conveniente para posicionarme en un lugar privilegiado de la élite artística. Lo políticamente correcto es dar la sensación ante los demás de que este lenguaje intelectualoide nos es familiar y que no existe ninguna duda sobre su comprensión. Algunos podrán rebatir que todas estas palabras adquieren un sentido cuando se ve la obra, pero yo les aseguro que teniendo delante la obra, ni el mismísimo Nietzsche o Kafka podrían descifrar semejante galimatías. Por otra parte, resulta curioso que en todas estas críticas, siempre se ensalza y masajea al autor de la obra, nunca se le critica de manera negativa como se hacía antaño en la época del impresionismo y en los comienzos del siglo XX. Leyendo estos textos tan "biensonantes" resulta que todos los artistas son el "no va más" dentro del mundo artístico; un vapuleo a tiempo, merecido y bien argumentado por un buen conocedor del arte, podría ser un buen remedio para acabar con tanta mediocridad.
Pero continuando con algunas de estas palabras tan utilizadas y manoseadas actualmente en el mundo artístico -literario, hay dos términos en especial que me producen una especial aversión: me refiero concretamente a "contemporáneo" y "vanguardia. Al escuchar o leer estas palabras me siento un proscrito, como si yo no perteneciera o no tuviese la capacidad de pertenecer a este grupo de " contemporaneovanguardistas " de la "gran élite artística"; en definitiva me dan un cierto repelús y me siento marginado en el más puro sentido de la palabra. Cada vez que oigo esas dos palabrejas o las veo escritas en alguno de estos numerosos magazines de arte o en cualquier otro medio de comunicación, me desconcierto, no consigo entenderlas ni saber si yo, un ser humano que vive en este siglo XXI y que intenta hacer su trabajo lo más acorde posible con el tiempo en el que vive, pertenezco o puedo pertenecer a esta categoría de privilegiados.
Lo cierto es que no, rotundamente no pertenezco ni me siento identificado ni implicado con ellas, y no porque etimológicamente no esté de acuerdo con esta definición (del latín "contemporaneus " , existente al mismo tiempo que otra persona o cosa ), sino porque simplemente estoy en desacuerdo con el sentido que le pretenden dar algunos espabilados artistas y sus secuaces en su propio beneficio. Para esta élite de "pensadores" el arte actual debe ser transgresor, romper con todas las normas establecidas, sorprender, ser original a cualquier precio y de cualquier manera, y todo ello en detrimento del oficio de pintor, del simple hecho de pintar, de pintar con profesionalidad, utilizando con buen criterio el uso del color, la composición acertada y el buen gusto por las cosas bellas y bien elaboradas, en definitiva, que la estética prevalezca sobre la idea y el concepto, que esté por encima de la "literatura" que estos "pensadores" pretenden hacernos creer ver cuando miramos un cuadro o cualquier otra "creación" que intentan hacer pasar por arte. La creatividad de una obra de arte no consiste en hacer algo "rompedor", excéntrico y que nadie haya imaginado nunca (en la mayoría de los casos suele ser de mal gusto), sino que en la propia realización personal y única de un artista de talento, la originalidad y la creatividad aparecen y fluyen espontáneamente, igual que la caligrafía de cada persona es única e inimitable. La gente corriente, la gente de la calle, que es la gran mayoría y que es en definitiva a la que van dirigidas las obras que los artistas realizan, no entienden lo que ven ante sus ojos cuando miran este tipo de obras "antiarte", no les llega al alma y en la mayoría de las ocasiones esta confusión hace que exclamen: "¡Es que yo no entiendo de pintura!".
Pero para gozar de la pintura no es primordial entender de pintura; la pintura y el buen arte se siente, se ama, toca nuestra fibra interior, se escucha como se escucha la buena música y según la sensibilidad de cada persona se aprecia y se disfruta de manera diferente, pero nadie debe hacer "literatura", hacer que nos guste mediante la palabra aquello que no nos llega a nuestro corazón a través de la vista. Sí, es bien cierto, que si conocemos la evolución de la pintura y sus diferentes "ismos", en definitiva, si la conocemos más profundamente, nos será más fácil apreciar y diferenciar el buen arte del que no lo es, pero nunca debemos dejarnos influenciar por la verborrea de unos cuantos malabaristas de la palabra, que entrelazando algunos términos sofisticados y de difícil comprensión (que nadie, ni siquiera ellos mismos comprenden) intentan hacernos ver la trascendencia de algo que es insustancial y carece de valor artístico.
Sí se puede, mediante la palabra del buen crítico o entendido (y con ello quiero dejar claro que sí existen buenos y auténticos historiadores y comentaristas de arte), abrirnos al conocimiento y mostrarnos con claridad el porqué aquel artista ha compuesto o elaborado aquellos colores y cómo de esta manera ha conseguido aquel resultado que tanto nos deleita, pero nunca dejarnos embaucar por explicaciones conceptuales e incomprensibles por parte de personas que no están capacitadas para ello.
La otra palabra que me resulta urticante, "vanguardia", que en el sentido artístico significa "aquellas tendencias artísticas que se afirman por el rechazo de pautas anteriores y ponen en entredicho las mismas premisas de su ámbito anterior" , también se tendría que entender no en un sentido tan radical como estos nuevos "vanguardistas" pretenden atribuirle. Ningún artista auténtico que se precie rechaza de manera radical las tendencias anteriores; todo lo contrario, las considera, las analiza, las conoce y a partir de ellas las hace evolucionar consiguiendo una nueva forma de hacer propia. Las pautas anteriores le sirven para desarrollar su manera particular y diferente de expresarse. Es una evolución lógica, una ayuda más que un rechazo sistemático.
Después de la pintura que llamamos clásica o el realismo de principios del XIX, ya a finales de este mismo siglo los impresionistas evolucionaron hacia una pintura más abreviada, en la que el detalle perdía parte de su valor en favor de la espontaneidad de la pincelada, descomponiendo la luz que incidía sobre los objetos de manera más fragmentada. Más tarde los postimpresionistas dieron un giro al arte de la pintura liberando la forma y el color según sus propias sensaciones, utilizando y transformando estas dos herramientas en función de la superficie del cuadro, consiguiendo de esta manera una mayor expresividad plástica. Pero todo esto se sucedía de una manera escalonada, razonada, con una buena base artística, con el oficio previamente bien aprendido. Ciertamente también existía una "vanguardia" que eran todos estos nuevos "ismos" emergentes y una pintura oficial que marcaba las pautas y los cánones a seguir, y había rivalidad entre los nuevos movimientos de "vanguardia" y un deseo por liberarse de la pintura oficial más academicista, pero siempre con un profundo conocimiento y respeto por los logros pictóricos conseguidos en otra épocas. Los propios artistas escribían, editaban revistas o almanaques con su grupo de seguidores, ya fueran artistas, poetas, escritores o músicos y hablaban acerca de la cultura y de la actualidad del arte en general, pero siempre o casi siempre con un conocimiento exhaustivo de la materia. Si se conocen algunas de estas manifestaciones literario-artísticas como el Almanaque Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), grupo formado en Munich en 1912 por Vasily Kandinsky y Franz Marc, o las teorías de los franceses puntillistas como Signac y Seurat, o la correspondencia escrita entre los propios artistas del grupo Nabis como Paul Gauguin y sus seguidores Maurice Denis, Emile Bernard o entre los fauvistas Matisse y Derain y, por otro lado, el gran Delaunay que desarrolló la teoría del efecto simultáneo de los colores complementarios, uno se da cuenta de la solidez y el conocimiento profundo, científico y artístico de sus reflexiones. Basta dar una leída a todo este gran despliegue de talento artístico y bien razonado para darse cuenta de que la "literatura" del arte actual deja mucho que desear. Y lo más negativo de todo ello es que toda esta operación de "marketing" y "literatura" barata y engañosa lleva al público aficionado a un desconcertante desconocimiento del verdadero buen arte. Confiemos en que esta lucha, que sin lugar a dudas, deberá enfrentar en un futuro a intelectuales, escritores, críticos, aficionados al arte y artistas, que reconocen el verdadero valor del trabajo de calidad y bien elaborado, contra los que pretenden hacer del arte un negocio fácil, ponga las cosas en su lugar y desenmascare a toda esta "troupe" de farsantes haciendo que toda esta mediocridad caiga por su propio peso.