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Vindicación del arte en la era del artificio

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Jean-François Martel (Ottawa, Canadá) es un escritor y galardonado cineasta que trabaja en la industria canadiense de cine y televisión. Además de haber realizado varios cortometrajes, ha investigado, escrito y/o dirigido una serie de programas documentales sobre temas relacionados con la cultura y las artes para los principales radiodifusores francófonos. Ahora podemos leer traducido al español su reciente libro “Vindicación del arte en la era del artificio”.

Me ha parecido una lectura muy interesante, si bien algo ardua en algunos tramos del libro ya que utiliza muy a menudo una terminología demasiado compleja. Lo más destacado de este libro es que nos hace ver que el arte , aun siendo la estética una parte relevante, tiene una profundidad espiritual que nos muestra el mundo real, no de la manera que creíamos que era, sino que nos expresa con claridad, es decir, a través de nuestra conciencia, la auténtica realidad el misterio que se nos oculta. El libro no hace referencia únicamente al arte de la pintura o las artes plásticas, sino que pone en una misma faceta todas las artes, el cine, la literatura, la poesía, etc., equiparándolas en cuanto a los estados emocionales que provocan.

 Reflexiona J.F. Martel: “El poder del artista se reduce a dos cosas: su sensibilidad ante el misterio radical de la existencia y la habilidad y la maestría, con la que es capaz de plasmar este misterio, en un objeto o en un acto”.  Es decir, el arte pone ante nuestros ojos, sin distorsiones ni conceptualizaciones, lo extraño y sorprendente que se nos oculta de la vida. Esa capacidad de conmovernos no tiene nada que ver con el simple goce estético; por ejemplo puede ser que no hayamos llegado a comprender una película o lo que quería decirnos el director (si eso pretendía), pero sin embargo afectarnos profundamente. Lo esencial – continua  J.F. Martel- es darse cuenta que “la auténtica sensibilidad, el verdadero buen gusto, está en la capacidad de reconocer la presencia de estas fuerzas, de saber distinguir entre una reacción superficial y las profundas emociones que suscitan las fuerzas del arte”

Así pues, ataca ese arte que él llama de “artificio”, de los medios de comunicación, de la publicidad, de la banalidad de muchas obras, ya que estamos asediados continuamente de objetos estéticos cuya sola intención es manipularnos,  lo que contribuye a crear una apatía generalizada, que llama ” la edad del hielo psíquica” y donde la parálisis mental se torna una cualidad. Continúa Martel: “El verdadero arte nos deja paralizados, suscita en nosotros un estado emocional en el que la mente queda cautivada y se alza por encima del deseo o la repulsió” (como ocurre en la publicidad), mientras que el falso arte tiene el efecto contrario, ya que su objetivo es hacer que el espectador actúe, piense o sienta de una mamera preconcebida. El artificio renuncia al poder de revelación, que es primordial en el arte, para suministrar información, convirtiéndose en un mensaje, opinión, juicio, estimulo fisiológico o mandato… El artificio no es falso arte por su falta de moralidad, sino porque su estética se funda en intenciones ajenas al ámbito estético”.

En definitiva, una obra que desenmascara aquellas “obras” que pretenden pasar como obras de arte pero que solamente son “arte pornográfico”, en el sentido que induce al espectador a un estado de deseo hacia el objeto de quién lo percibe o aquellas que Martel llama “arte didáctico”, que incita a provocar  una actitud de desprecio, aborrecimineto o repulsión  frente al objeto; en cierta manera un impulso fisiológico que nos aleja de ese grado de conciencia y de humanidad necesario para el verdadero arte.”

Una obra para meditarla, reflexionarla y por tanto hacerle una segunda lectura.

Os paso unas críticas de este libro.

«He aquí un lúcido y oportuno recordatorio sobre aquellas cosas que tan a menudo parecen haber sido olvidadas en las consideraciones artísticas, como la importancia de la belleza, el misterio o la profundidad. Tras décadas de hipocresía y pretenciosidad –al margen de la trivialidad– que ha rodeado al mundo del arte, la lectura de este libro resulta un grave y a la vez refrescante despertar.»
«La completa colonización de la mente humana es la última frontera del dominio capitalista. Como Martel bien sabe, esta clase de dominación conduce a una aceleración cada vez mayor y a un reduccionismo de la imaginación mediante lo predecible y controlable. Lejos de ser una mera mercantilización de la estética, es una ingeniería para eliminar lo inefable y único de la existencia humana.»
Patrick Harpur, autor de El fuego secreto de los filósofos

«Vindicación del arte en la era del artificio argumenta en favor de la belleza de la experiencia trascendente del arte en contraste con el mundo discordante del artificio moderno. Moviéndose con confianza y esfuerzo entre el cine, la literatura y la pintura, J. F. Martel nos muestra –en una cuidosa progresión razonada– que todo gran arte, en última instancia, se enraíza en el poderoso misterio de la vida.»
Joshua Ramey, autor de The Hermetic Deleuze

“Vindicación del arte en la era del artificio es un brillante y meditado alegato contra el estado actual del arte, sometido a las tramposas leyes del mercado, la cada vez más absorbente cultura del espectáculo, y la perniciosa influencia del progreso tecnológico, donde ya no es la tecnología la que se adapta a nuestros deseos y necesidades sino nuestros deseos y necesidades los que se adaptan a la tecnología. Debido a todo ello, este joven escritor y premiado director de cine canadiense reclama buscar salidas a la honda decepción que produce este panorama decadente, que equipara con el estado de la biosfera, como algo que también está en peligro de extinción. Tomando ejemplos, que van de las pinturas de las cuevas del Paleolítico a la música pop, J. F. Martel va construyendo las bases de su pensamiento crítico a través de oportunas referencias a las reflexiones de Joyce, Wilde, Deleuze y Jung, entre otros, para hacernos recordar de nuevo que el arte y la emoción estética son un fenómeno humano innato que no sólo precede a la formación de las culturas y sociedades humanas sino que expresa una realidad mucho más profunda y compleja que la que cualquier artificio ideológico o de consumo pueda transmitirnos. Aunque los medios que utilizan sean equiparables, el arte y el artificio difieren en sus objetivos. Más allá del mero deseo o repulsión al objeto, o a lo que representa, toda experiencia artística, capaz de conmovernos, sobrepasa con creces la obviedad de cualquier discurso o cualquier guiño del mercado. El arte no es un panfleto ni un objeto de consumo. Cuando lo dejamos actuar en libertad, es capaz de iluminar nuestro campo de visión y sumergirnos tanto en nuestro propio misterio como en los misterios del mundo que nos rodea.
David Staines, profesor de la Universidad de Ottawa

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