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Cómo pintar un cuadro

Rubia vestida de azul (2013)
Acrílico sobre madera , 80 x80 cm

Evidentemente el título de este post, cómo pintar un cuadro, no tiene un sentido categórico ni puede tenerlo ya que obviamente no existe una fórmula para pintar un cuadro según un canon establecido y unas normas inamovibles. Sí que es cierto que hay muchos métodos y enseñanzas que nos pueden guiar, ayudar y llevarnos por el camino “correcto”, en especial cuando no se tiene ninguna experiencia y uno desea aprender a pintar. Sin duda el proceso de aprendizaje requiere un método de trabajo, una disciplina y muchos años de práctica, igual que requiere muchos años tener tu propio estilo (El asunto del estilo) , tu forma personal de hacer, que has ido tejiendo con el tiempo absorbiendo, asimilando e interpretando a partir de los grandes maestros de la pintura.

 
Para aprender a pintar hay primeramente que aprender la técnica del dibujo, sin un buen dibujo de base la obra se desmorona, carece de ritmo y por tanto el resultado es poco satisfactorio. Pero como ya ha comentado en anteriores artículos (La importancia del dibujo) si el artista se decanta por un estilo más expresivo o colorista, este dibujo puede alterarse y deformarse de forma voluntaria para dar más expresividad a la obra. Asimismo, el artista que elija el estilo abstracto, no requerirá de un dibujo tan perfecto como un artista que pretenda hacer una pintura realista, pero aun así una buena base de dibujo siempre será un soporte imprescindible para cualquier artista que se precie.
 
En cuanto al color, tampoco voy a extenderme, ya que también he comentado al respecto (La importancia del color). El equilibrio de tonalidades, una buena armonización de los colores y una correcta y equilibrada composición de los planos generales del cuadro, serán primordiales a la hora de conseguir un buen resultado, pero insisto, no existen reglas inamovibles y menos en las relaciones de los colores y formas, ya que sus posibilidades son infinitas y por tanto sería imposible crear unas reglas concretas. Unas nociones básicas de color y composición, aprender a desarrollar la parte más intuitiva que uno lleva dentro (la creatividad) y la práctica de los años harán que, si uno dispone de esa intuición innata, la obra contenga esa esencia, ese buen gusto y ese equilibrio que llegará a transmitirnos emociones y sensaciones de armonía.
 
Así pues paso a exponer brevemente mi método de trabajo, repito el mío propio, que será diferente para cada artista según el estilo que elija, sus gustos personales y su propia caligrafía pictórica. En primer lugar esbozo, a partir del natural, de dibujos previos o incluso de fotografías (lo importante a mi entender es el resultado, no como se trabaje) unas líneas básicas del dibujo con lápiz o con el mismo pincel ligeramente humedecido con algún color más líquido. No entro en detalles (mi pintura no tiene muchos detalles) ya que me interesa de entrada situar los planos principales del cuadro y conseguir una composición equilibrada y un ritmo de líneas bello y dinámico.
 
 

Primer estado

 
Una vez trazados estos contornos básicos paso a aplicar rápidamente las capas de color por toda la superficie, cubriendo todo el cuadro para así poder aplicar las siguientes capas de forma que la relación entre los colores sea visible, ya en su comienzo, para poder armonizarlos. Si pintase y acabase unas zonas del cuadro dejando otras en blanco no tendría la referencia del conjunto y sería muy difícil conseguir una armonización general de los colores y de las tonalidades. Para mi lo importante es el todo y no el detalle, si uno se entretiene en pequeñas trivialidades puede echar a perder el resultado final.

 

Segundo estado

Una vez seca esta primera capa de color (la pintura acrílica seca rápidamente, en unos 10 o 15 minutos según el empaste), paso a reforzar los colores, “paseándome” – como decía Matisse- por toda la superficie, armonizando aquí y allá, construyendo los volúmenes con claros y oscuros, dibujando con los colores por medio de sus diferentes tonalidades. Aplico las zonas más oscuras para tener referencia a la hora de poner las más claras, las más brillantes. Matizo los tonos medios, ahora con el pincel más diluido, ahora con el pincel más seco, para así dejar traslucir parte de las capas anteriores, ya secas, de forma que esas transparencias le den al conjunto una sensación atmosférica y una gran riqueza de matices. Al mismo tiempo, a medida que se va secando voy incorporando algunos contornos, negros, grises, azulados, más bien de tonalidades oscuras, que van construyendo y dando fuerza a los planos de color.

 

Tercer estado

Por último entro en algunos detalles que puedan servir para reforzar el motivo. En el caso de las figuras, los rasgos de la cara, las manos u objetos como jarrones, estampados o flores. No me detengo en ellos mucho más de lo necesario, ya que no quiero sobrecargar el conjunto. Después vuelvo a insistir en los contornos que requieren más fuerza y al mismo tiempo matizo o fusiono algunos de estos contornos con el fondo de color. Trabajo de forma rápida, sin insistir demasiado, dejando ese punto de espontaneidad, ese estado inacabado que hace la obra más atmosférica y ligera, menos rígida, más suelta y que permite al espectador, podríamos decir, “acabarla” en su imaginación.

 

Rostro fauvista (2013)
Acrílico sobre madera, 70 x 70 cm

Una vez concluida la dejo reposar. La vuelvo a observar en frío, diría que con mayor razonamiento, al cabo de unas horas o en los días posteriores. Si es necesario realizo algunos retoques, pocos ya que perdería esa fuerza primeriza que la hace más expresiva.

Bien amigos del arte, como siempre os digo una imagen vale más que mil palabras. Os paso un vídeo que he realizado (disculpadme pero es un vídeo casero) para que podáis captar un poco mejor lo que os acabo de explicar. Cualquier comentario al respecto (respetuoso, claro está), aporte o sugerencia será enriquecedor para mi.
 
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3 Comments

  1. isabel gutiérrez

    Extraordinario Guillermo. Voy a ver si me armo de paciencia para grabar también un proceso. Cuánto cuesta acabar un cuadro, tiempo, dedicación y estrujamiento de la mente, por resumir el misterio de que es dar coherencia a las formas.

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