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Matisse y el arte de simplificar la pintura

Autorretrato, 1906

Cuando Gustave Moreau, maestro del joven artista Henri Matisse, observaba una de las obras de su alumno, exclamó de manera profética: «Usted va a simplificar la pintura», y ciertamente fue una afirmación llena de clarividencia que sentaría las bases del arte y la filosofía de este genial pintor , plasmando con sus vibrantes colores y sus formas simplificadas los sentimientos y la belleza en su estado más puro.
 
No le fue fácil seguir el camino sentenciado por su maestro. En sus inicios con el fauvismo (se le puede considerar el padre de este movimiento) fue duramente criticado por sus «colores chillones» y por «su impasibilidad de ánimo exquisita y refinada»; nada podía ser más ofensivo para él que consideraba que «…no se puede hacer arte sin pasión», y resume con estas palabras su ideal y su objetivo con respecto al «arte del equilibrio, de la pureza, de la tranquilidad, sin contenido inquietante o preocupante, que produzca el efecto (…) de un calmante, algo así como un cómodo sillón para recuperarse de las fatigas físicas»
 

Bodegón con naranjas, 1923

Cuando analizo hasta que extremos ha llegado en muchos casos el arte actual de vanguardia, con sus excentricidades, abusos y desconciertos, me gusta recordar los pensamientos de los que los que sin lugar a dudas tienen bien merecida su imortalidad como artistas geniales, palabras que ponen en entredicho las aberraciones a las que el arte está expuesto en nuestros días: « … Es necesario dominarlo todo.- continua Matisse -. Hay que mantener la calma; el arte no debe inquietar ni confundir – tiene que ser equilibrado, puro y sereno -.»
 

Si bien Matisse es considerado como cabeza teórica y guía del fauvismo, a lo largo de su obra se ve claramente que pasaba de un estilo a otro con sorprendente libertad, tanto realizaba una técnica de composición realista, como una pintura de superficies planas en las que los colores sin sombras producian la sensación de volumen y perspectiva. Eso es para mi lo propio de una obra magistral, que no se queda con una fórmula – tan repetida en el arte actual por falta de imaginación – , que busca nuevas direcciones, siempre dentro de este arte de equilibrio, de pureza y de sosiego.

 

Idole, 1906 (Litografía)

 

Vista de Coullioure y el mar, 1907

 

Desnudo yaciente, 1936

Gilles Neret describe con acertadas palabras la magia de Matisse « .. Dotes tan vastas como extraordinarias, y que brotan todas de una doble cualidad: por una parte de su extarordinario sentido del ritmo líneal, ritmo a la vez continuado y particularmente flexible, es decir, capaz de abandonarse a las variaciones más extrañas sin interrumpir jamás la continuidad y de permitir remontar el tema a través de todos sus meandros. En segundo lugar, de ese sentimiento infalible de la armonía de los colores, que no se contenta con un acorde perfecto, sino que añade siempre un elemento sorpresa, una nota inesperada que hace exclamar: ¡Dónde diablos habrá encontrado este color… y sin embargo qué logrado!»
 

Odalisca con magnolias,1923

Veo en la obra de Matisse una simplificación que él mismo explica : «Voy a realizar todo esto -refiriéndose a una decoración para un estudio- con los medios más simples y escasos, que son los que mejor permiten al pintor expresar su visión interior». Sin embargo, como buen creador que es no se ciñe a una fórmula única, parte de su obra está repleta de arabescos, volutas , telas, estampados y flores que no se limitan a una decoración trivial, sino que desempeñan una función primordial en la melodía orquestral del lienzo. Sus Odaliscas -observadas fielmente en su visita a Marruecos- nos demuestran el grado de «osadía» que muchos críticos de la época escriben en sus crónicas, tanto para encumbrarlo como para criticarlo.
 
 

Femmme au chapeau

Madras rouge, 1907

En cuanto a sus retratos femeninos, se le recriminaba que no podían ver en muchos casos el parecido con el modelo, él respondía: «Si yo encontrase a tales mujeres por la calle, emprendería la huida horrorizado. «Ante todo no he creado una mujer, sino que pinto un cuadro. En resumidas cuentas, yo trabajo sin teoría». Es decir, se puede deducir de sus palabras que para Matisse lo importante en un cuadro no es el motivo en sí, sino la manera de pintarlo; tanto el fondo como el retrato forman un conjunto indivisible del que resulta la obra total, todo debe estar en concordancia y expresar mediante formas y colores bien dispuestos tanto la armonía de la superficie como su profundidad espiritual.El parecido físico le resulta pues intrascendente, sin embargo «cada figura tiene su estilo particular, y ese ritmo crea el parecido». Pero entonces surge la pregunta: ¿Para qué necesita el pintor el modelo si después se aparta de él? Y Matisse responde con ironía:

 

«Si no tuviera un modelo, no podría deshacerme de él», es decir de alguna manera expresaba la necesidad del modelo como punto de partida para «abandonarlo» de forma premeditada, lo que le daba esa fuerza creadora basada en la realidad del su inconsciente.Otro asunto relevante en Matisse son las deformaciones de sus figuras ¿Porqué estas exageraciones? Potenciar esa expresividad y el ritmo particular es el objetivo principal. Ya Ingres fue el primero en su perfecto dibujo en realizar esas transformaciones en su Gran Odalisca que al parecer tiene tres vértebras más: «Un cuello de mujer nunca es demasiado largo» y sigue diciendo Ingres a sus alumnos «Cargad la mano en los rasgos dominantes del modelo…pronunciadlos, si es necesario, hasta la caricatura. Digo la caricatura a fin de destacar la importancia de un principio verdadero».

Ingres – «La gran Odalisca «

 

No quiero terminar estas confesiones de este artista mutante sin hacer alusión a otra vertiente tan importante como es la escultura. Él mismo explica este paso de la pintura hacia las tres dimensiones: «Se trataba de organizar mis sensaciones, de encontrar un método que me conviniera de forma absoluta…Siempre estaba atento a dominar constantemente mi cerebro, a crear una especie de jerarquia de todas mis sensaciones que me habrían permitido llegar a una conclusión».

 

Pequeña cabeza dorada, 1907

 
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La serpentina, 1909

 

Si algo a mi juicio es uno de los logros más espectaculares de Matisse es poder hacer dos cosas al mismo tiempo, es decir, fusionar la abstracción con la realidad y complementarlas una en la otra, con un orden diríase que perfecto, pero sin duda guiado por la razón, el conocimiento del oficio, la intuición y una intensa emoción.

 

henri-matisse-kings-sadness

Tristeza de rey, 1952

 

 
 
 
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