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Arte o artesanía

Hemos llegado a un punto en la actual farsa montada en torno al arte contemporáneo en el que al artista se le ha subido a la cabeza el hecho de ser “artista”; el “artista” (obviamente no hablo de todos los artistas) ha llegado a creerse un ser especial tocado por la mano de Dios, un iluminado en la oscuridad del mundo que ha conseguido descubrir con su imaginación y su talento la llave de la espiritualidad. Sin ningún lugar a dudas han contribuido a ello de manera decisiva, esos “literatos del arte” y esos curadores/comisarios que con su verborrea repleta de palabras biensonantes y pretensiosas consiguen engañar tanto a los confundidos aficionados al arte como a algunos vanidosos “artistas, que sienten inflado su ego con esta amalgama de palabras halagadoras y al mismo tiempo incomprensibles. (me extiendo más sobre este tema en «Galimatías literario del arte actual»). Para escribir sobre arte se ha de hacer con conocimiento profundo y con honestidad; no es lo mismo hablar de arte que crearlo con tus propias manos – como decía Lao Tse, un filósofo chino 600 años antes de Jesucristo- “¿Acaso alguien se convierte en jinete porque habla de caballos?”.
 
El artista era hasta hace pocos siglos un “currante”, un trabajador que hacía su oficio con las manos y por ello era excluido de la nobleza y de las altas jerarquías, ya que el hecho de trabajar con las manos era algo así como una acción peyorativa que iba en contra de las formas aristocráticas; eso sí, esta nobleza junto con la Iglesia se servía de estos “artesanos” para deleitarse con la belleza que creaban, para perpetuar su imagen y trascender de esta manera a su propia muerte.
 
Hoy en día la palabra arte o artista ha llegado a ser, a mi juicio, sinónimo de pedantería, de engreimiento y de manipulación; se ha perdido aquella esencia que tenía el verdadero artista, de trabajador, de artesano, de bohemio, de aventurero, de idealista, o quizás de visionario y en algunos casos de asceta incomprendido. En realidad, en la mayoría de los casos, el verdadero artista, ya sea en la pintura, en la música, en la literatura o en cualquier otro tipo de actividad artística, no es un ser privilegiado o superior, el verdadero artista no es más que un artesano, un trabajador con un oficio que ha tenido que aprender tras largos años de prácticas y que lo único que intenta es vivir de su arte para poder seguir creando, ya que esta es la forma de sentirse realizado y poder tener una existencia acorde con sus principios.
 
El artista, siempre hablo del verdadero artista, es en definitiva para mi un artesano que crea con su talento la belleza o en cualquier caso las emociones que conmueven nuestro interior; pero no vayamos a creer que el ARTE en mayúsculas se puede crear de la nada, como parece ser que sucede con el “arte contemporáneo” actual, sino precisamente es con está artesanía que se ha adquirido con los años con la que se puede crear el arte que nos emociona. Pero no confundamos la artesanía puramente decorativa con la artesanía creativa de piezas únicas (como las terracotas precolombinas). Posiblemente la artesanía pueda ir desligada del arte (entendido en su concepción creadora), sin embargo el arte no se puede desligar de la artesanía, es decir del oficio, con el cual debe complementarse.
 
 
 
 
 
 
 
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